domingo, 5 de abril de 2015

ROBERTO MORÁN: “Acá se es un Poco Entrenador, un Poco Psicólogo, y Hasta Papá"


El diario "EL PUNTAL" publicó la nota de Patricia Rossia que publicamos a continuación.

Calle Independencia al 200 en Alcira Gigena. En un precario galpón al fondo de una casa, un puñado de chicos se amontonan y golpean una bolsa que cuelga del techo. A metros papás y mamás que observan. Y en medio, calzando unos gastados guantines, está el ex boxeador Roberto Morán, quien se prepara para ganar su pelea más importante de la vida: sacar a chicos de la calle y alejarlos de las adicciones.
En su diminuta figura se esconde un gigante que estuvo a poco de ser campeón del mundo en boxeo, pero una jugada del destino truncó su carrera a los 26 años.
Retirado de la vida profesional, decide entregar su tiempo a transmitir a los jóvenes de la localidad sus conocimientos. Con muy escasos elementos que adquirió con recursos propios que se gana cortando el pasto cada mañana en Gigena, dedica gran parte de la jornada a entrenar a una veintena de chicas y chicos que acuden al improvisado gimnasio que armó en el fondo de la casa que le cedieron en préstamo. “No les cobra nada a los chicos”, se apura en aclarar una mujer.
Roberto dice que tal vez el destino quiso que no llegara a ser campeón mundial, pero con orgullo señala que es uno de los pocos boxeadores que obtuvo cinco cinturones y estuvo a pasos de pelear por el título del mundo. No obstante, no tiene resentimientos y asegura que en el ring se brinda un show, pero que la verdadera pelea y el mejor título lo gana en el galpón cuando logra sacar a un chico de sus adicciones o de la calle.
“Acá se es un poco entrenador, un poco psicólogo, y hasta papá. Hablo mucho con los chicos”, dice.
Ante la consulta de cómo comenzó en este proyecto, manifiesta: “Un día se me acercó un chico y me pidió que le enseñara, al principio le dije que no, pero no había llegado a la esquina que lo llamé y le dije ‘mañana vení que empezamos’ y así fue. Después se acercaron amigos y ahora hay alrededor de 17, entre chicos y chicas”.
Roberto admite que la mayoría de los chicos ha tenido que superar algún problema: “No sabe las cosas que uno escucha, algunos que tienen problemas con los padres, otros con el alcohol o el porro como ellos le llaman, que yo a mis 47 años no sé de qué se trata. Yo los escucho, hablo también con los padres, y siento el orgullo que todos dejaron de lado esas cosas, y hasta se unieron más a la familia. Ni salen de noche porque saben que se tienen que cuidar”.
Con orgullo señala que hay padres que se le acercan y agradecen lo que hizo por sus hijos. “Me dicen que yo hice en poco tiempo lo que ellos no lograron en 20 años, y eso para mí es lo más importante”. Agrega: “Además yo hablo con ellos y los padres y les he dicho que no quiero que dejen ni la escuela ni el trabajo. Por eso los entreno a las tres de la tarde a los que van a la nocturna, y para los que trabajan cuando salen. Estoy con ellos hasta cerca de las 10 de la noche”.
Con poco, hacer mucho
Dos pares de guantes y la bolsa que cuelga del techo son los únicos elementos con los que cuenta Roberto para enseñar boxeo en el galpón con piso de tierra que a diario riega “para que esté fresquito cuando llegan los chicos”.
“Un par de guantines era mío, tienen más de 20 años. Ahora lo usan los chicos y yo les digo que esos recorrieron el mundo en una bolsa”, expresa. Y junto a estos también menciona las viejas vendas hoy amarillentas de tanto uso que sigue guardando de toda su carrera boxística.
Hoy y ante la gran cantidad de chicos que se suman a su improvisada escuela de boxeo, necesita de más guantes, de cabezales y hasta de algún lugar más amplio donde trabajar. “Yo a los chicos no los dejo hacer boxeo entre ellos porque no tengo cabezales, y no miden la fuerza. Practican conmigo, yo sé cómo atajarme y aguantarme un golpe”, expresa.
Hace poco tiempo le solicitó al intendente local, Fernando Gramaglia, un espacio más amplio donde enseñar, quien prometió ayudarlo.
A su vez, para el próximo 17 de abril junto a Carlos San Miguel preparan una velada boxística que se hará en el Club Lutgardis de Gigena, y donde los primeros discípulos de Roberto serán presentados y competirán. Pero más allá de ello, la finalidad es brindar un show y juntar dinero para comprarles indumentaria, botas y guantes a todos los chicos y chicas.
Es que Roberto sólo depende de los pocos ingresos que logra cortando pasto. Su carrera como profesional no le dejó riquezas materiales, sí mucha enseñanza y experiencia. “He conocido gente muy buena en el camino. He viajado a Los Ángeles, conocí Brasil y casi todas las ciudades argentinas. Eso para mí es importante y por eso agradezco todos los días a Dios. Tengo una familia hermosa que me acompaña”, dice. Casado con Adriana desde los 18 años, tiene cuatro hijos: Franco, Marcos, Vanesa y Alexis. Su familia hoy está radicada en Alta Gracia y cada fin de semana Roberto emprende viaje en el viejo Falcon para reencontrarse con su familia. En el camino, en tanto, sueña con seguir ayudando a más chicos y, si de soñar en grande se trata, dice: “Y quién no quisiera que un chico de Alcira Gigena se destaque y me nombre en un pedacito así de chiquito, y que diga ‘Gracias Roberto Morán’, y que puedan llegar a ser lo que yo no pude”.
Por último promete: “Yo a estos chicos no los voy a dejar solos, voy a seguir con ellos hasta el final. Son mi responsabilidad”.